Martín Llaryora consolidó su poder con un claro triunfo en el sur cordobés

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El candidato oficialista Guillermo De Rivas se convirtió en el nuevo intendente de Río Cuarto. Lo logró por una diferencia mayor a la que pronosticaban (otra vez) la mayoría de las encuestas. Con un peronismo dividido, el postulante de la coalición Hacemos por Río Cuarto, que tuvo un fuerte respaldo del gobernador Martín Llaryora, le sacó 13 puntos de ventaja al radical Gonzalo Parodi (Primero Río Cuarto) y a la peronista disidente Adriana Nazario (La Fuerza del Imperio del Sur).

Sin embargo, pasadas las 19, los datos de las primeras “mesas testigo” del PJ, siempre ajustadas, terminó con la incertidumbre: De Rivas ganaba (para los propios peronistas, de manera sorpresiva) por dos dígitos.

Luego, los datos oficiales corroborarían el aceitado mecanismo de control del peronismo. De Rivas consiguió el 37,15% (27.425 votos), contra el 24,29% del radical Parodi que cosechó 17.928 votos, y Nazario que alcanzó el 21,18%, con 15.623 votos.

El cuarto lugar fue para Mario Lamberghini, que sacó el 6,82%, fruto de 5.032 votos. Si bien no fue reconocido por La Libertad Avanza que lidera el presidente Javier Milei, el dirigente que se mostró como libertario, alcanzó una banca en el Concejo Deliberante.

Uno de los datos de la jornada electoral riocuartense fue el bajo nivel de participación. Votó el 55,68% de los 138.884 electores que estaban en condiciones de sufragar.

Nuevo escenario


La contundencia del triunfo de De Rivas derriba algunas de las especulaciones, aunque hay que mencionar que en la previa se buscó desalentar la participación este domingo (más allá de la gélida jornada).

Por ejemplo, cuando decidió la fecha, el actual intendente, Juan Manuel Llamosas, no lo hizo al azar, sino que tuvo en cuenta que el domingo era el último de una fin de semana extralargo. Es que, con la división del PJ, al oficialismo le convenía una baja participación.

De todas maneras, el amplio triunfo dejó en un segundo plano cuánto pudo haber incidido en resultado final el fin del feriado largo.

Pasadas las 20, el radical Parodi y la peronista disidente ya habían reconocido el triunfo del oficialista De Rivas.

Media hora antes, con datos extraoficiales, el ministro de Gobierno, Manuel Calvo, que participó activamente de la campaña riocuartense, enviado por el gobernador Llaryora, había proclamado a De Rivas como el ganador.

En el búnker radical quedaron algunas facturas para pasarle al candidato, que eligió una estrategia local, sin intervención de los referentes provinciales de su partido.

Mientras que los dirigentes delasotistas que acompañaron a Nazario buscaron argumentos para sentirse conformes con el resultado.

Se sabe que en los últimos días, se había especulado con una caída en la intención de voto de la última pareja del exgobernador José Manuel de la Sota. Finalmente, consiguió los votos que anticipaban las encuestas. El que sacó menos de lo esperado fue Parodi.

El triunfo de De Rivas se cimentó en un fuerte respaldo de Llamosas y de Llaryora, quien en el mes de campaña fue todas las semanas a la ciudad para inaugurar obras, prometer proyectos y entregar programas sociales.

Los aparatos de la gestión municipal y provincial trabajaron a pleno en favor del candidato oficialista, que tenía escaso nivel de instalación, antes del arranque de la campaña.

Fue una decisión de Llamosas de no negociar la unidad con Nazario, y apostar por uno de sus funcionarios más influyentes, aunque poco conocido.

Mientras que Llaryora jugó fuerte en favor del candidato que impulsó Llamosas, a quien había elegido en la campaña provincial para ser el presidente provisorio de la Legislatura.

Más allá de la euforia del ganador, anoche a la hora de los festejos, Llamosas y Llaryora tuvieron motivos para sentirse dueños del triunfo.

El gobernador también debutó en la elección municipal más importante del interior como jefe del PJ provincial, en reemplazo del exgobernador Juan Schiaretti. La alegría de Llaryora fue una muestra de que había superado esa primera prueba.

El club Estudiantes fue el escenario de los festejos del oficialismo. El clima fue bien peronista, más allá de que el gobernador Llaryora sigue enarbolando al “partido cordobés”.

Fue el tercer triunfo consecutivo del peronismo en elecciones municipales, pero los militantes admitieron que el de este domingo fue el festejo más enfervorizado de la última década. Tal vez, porque un mes atrás, parecía complicado retener el poder municipal en la capital alterna provincial.

Además, de De Rivas, Llamosas y algunos funcionarios municipales, Llaryora y el intendente de Córdoba, Daniel Passerini, encabezaron la delegación que llegó desde la Capital para celebrar un triunfo, con la idea de provincializarlo y hasta nacionalizarlo.

Estuvo casi a pleno del gabinete provincial, también con la presencia de la vicegobernadora Myrian Prunotto, como la pata radical del “partido cordobés” que trata de alimentar Llaryora.

El propio Llaryora le comentó a uno de sus funcionarios, antes de subirse al palco triunfal. “Ahora todos estamos aliviados, pero la realidad es que si perdíamos hubiera sido un problemón político. Por eso hay que festejar”, concluyó el gobernador, antes de iniciar los festejos.

*LA VOZ

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