La Pastoral Social interviene ante la escalada del conflicto minero en Andalgalá

El proyecto Minera Agua Rica-Alumbrera (MARA) en Andalgalá, levanta polvareda en esa población catamarqueña -llamada la Perla del Oeste- distante casi 200 kilómetros al noroeste de la capital provincial y la situación llegó a tal punto que se registraron hechos violentos y detenidos días atrás, a causa de los cual intervino la Pastoral Social de la Iglesia católica.

La población resiste el emprendimiento de la firma canadiense Yamana Gold con el argumento de que viola leyes provinciales y la Ley de Glaciares y días atrás grupos que se oponen se manifestaron frente a las oficinas de la empresa y la destruyeron y, también, atacaron la sede del Partido Justicialista y la oficina de un senador.

Por eso, la Pastoral Social de Catamarca exhortó al diálogo y expresó su disposición a colaborar para que “pueda concretarse esa conversación”. 

«La minería es una actividad humana compleja y en muchas latitudes su concreción ha generado conflictos. El conflicto ambiental, social y político, de larga data, que se ha generado en la ciudad de Andalgalá por la cuestión relacionada con la futura explotación minera de Agua Rica, se ha manifestado en su último episodio de forma violenta», indica el comunicado de la Iglesia.

En ese sentido, señala: «Estamos convencidos de que los conflictos, por más complejos que sean, si hay buena voluntad entre las partes involucradas se pueden resolver pacíficamente. Al respecto, el papa Francisco nos enseña: “El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada. Cuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad”.

En otro tramo del comunicado, la Pastoral Social critica que «ante el conflicto, algunos simplemente lo miran y siguen adelante como si nada pasara, se lavan las manos para poder continuar con su vida» y diferencia que «otros ingresan de tal manera en el conflicto que quedan prisioneros, pierden horizontes, proyectan en las instituciones las propias confusiones e insatisfacciones, y así la unidad se vuelve imposible»

«Pero hay una tercera manera, la más adecuada, de situarse ante el conflicto. Es aceptar la existencia del conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso superador en beneficio de la comunidad involucrada. Recordamos lo que dice el Evangelio: “¡Felices los que trabajan por la paz!», indica la Iglesia».

La situación llegó a un nivel de escándalo político en el que el PJ y la UCR se cruzan acusaciones y el gobernador peronista Raúl Jalil descartó la intervención del municipio de Andalgalá.

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