Javier Milei asistió a la asunción de Nayib Bukele, en un país en el que el 42 % no sabe qué es la democracia

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El líder de La Libertad Avanza fue uno de los jefes de Estado extranjeros que asistió al acto realizado en el Palacio Nacional, ubicado en la ciudad de San Salvador.

Tras la asunción, Bukele recibió a los representantes de distintos países, incluido el mandatario argentino.

Nayib Bukele, fue investido por el Congreso para un segundo mandato consecutivo para el período 2024–2029, pese a la prohibición constitucional.

Acompañado por su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, el Presidente saludó afectuosamente a su par salvadoreño.

Luego, ambos aprovecharon la ocasión para mantener un encuentro privado, según informó el vocero presidencial, Manuel Adorni.

El acto fue privado, sin acceso al público, transmitido en cadena nacional y en el que también participó el rey de España, Felipe VI.

También estuvieron en el acto de investidura la presidenta de Honduras, Xiomara Castro; sus homólogos de Costa Rica, Rodrigo Chaves; de Paraguay, Santiago Peña, y de Ecuador, Daniel Noboa, y el primer ministro de Belice, John Briceño.

Además, se hizo presente una comitiva del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos en representación el Gobierno de Joe Biden, liderada por Alejandro Mayorkas.

La mayoría de la población de El Salvador está feliz, según una encuesta de la Universidad Francisco Gavidia. Aunque, esa mayoría dice también no conocer cuáles son sus derechos políticos y, más de la mitad, afirma tener «más cuidado» cuando comparte su opinión, según otro sondeo de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, que descubrió, además, que un 42% no sabe qué es la democracia.

En ese contexto, el presidente Nayib Bukele se mantiene en el poder tras una polémica reelección, pero con mucha popularidad. Sus aplausos crecieron con el éxito de su «guerra contra las pandillas» que ensordeció las críticas acumuladas luego de su incursión al Congreso con militares fuertemente armados; luego de la destitución y suplantación de la cabeza de la Corte Suprema de Justicia y de la Fiscalía; del despido de jueces a escala nacional; de la captura y muerte ‑bajo custodia estatal- de sindicalistas; de las denuncias de torturas a personas inocentes en las cárceles, de un régimen de excepción permanente y del fracaso del bitcoin en la economía nacional versus el aumento de la canasta básica.

No obstante, la población salvadoreña está feliz y el oficialismo lo celebra con la mayoría en el Parlamento y con la reelección, con amplio margen, del presidente milenial.

La reelección de un gobernante no se veía desde el siglo pasado en el país. «En El Salvador, la última reelección presidencial ocurrió en febrero de 1944 cuando una Asamblea Constituyente reeligió por segunda vez al general Maximiliano Hernández Martínez. La primera reelección había sido en 1939», explica a DW Héctor Lindo Fuentes, profesor emérito de historia en la Fordham University.

El recuerdo de Hernández Martínez evoca mucha preocupación en el país centroamericano, por lo que el oficialismo intentó apaciguar las críticas a través del vicepresidente Félix Ulloa, compañero de fórmula de Bukele para la reelección. «Nuestro presidente siempre ha actuado creyendo en la ley, cumpliéndola y respetando el Estado de derecho. Jamás ha tenido que salir a comprar gobernabilidad a la Asamblea (Legislativa) o interceder para modificar un fallo a la Corte Suprema de Justicia. Para Nayib, la norma primaria es la Constitución», dijo en un video a la diáspora, en septiembre de 2023.

Según el investigador y autor Carlos Cañas Dinarte, la sociedad salvadoreña de la era Bukele no difiere mucho de la de Hernández Martínez. «Veo dos sociedades sumidas en profundos niveles de ignorancia, pese a que en 2024 contamos con tecnologías digitales. La población de antes y hoy está sujeta a la manipulación mediática desde el oficialismo y las voces disidentes han pretendido ser calladas mediante linchamientos, exilios y persecución del pensamiento», asegura a DW el historiador.

«Resulta muy curioso que los últimos niveles de incomodidad contra el Gobierno ‘bukelano’ provinieran de la destrucción de patrimonio cultural como el Palacio Nacional, el centro histórico capitalino o el mural de monseñor Romero en el aeropuerto. También se han dado muchos videos virales y mucha gente desde el interior se está expresando en contra de acciones gubernamentales. Eso ocurrió también en abril y mayo de 1944, cuando personas de clase media y alta repartieron volantes mano en mano para denunciar al ‘martinismo’», agrega Cañas Dinarte.

Por su parte, Lindo Fuentes recuerda que, en el mandato de Hernández Martínez, el oficialista partido Pro-Patria «controlaba completamente la Asamblea Legislativa, todas las municipalidades y el Poder Judicial. El Estado de sitio imperó durante la mayor parte de los 13 años de Gobierno» y el Ejecutivo «tenía su propio periódico y aparato propagandístico».

Lindo Fuentes afirma que, «en 1944, al igual que ahora, los diputados del partido oficial justificaban su apoyo a la reelección diciendo que respondían a la ‘soberanía popular’ y que el gobernante tenía virtudes únicas». No obstante, el académico aclara dos «diferencias importantes»: «Bukele es popular» y «a Hernández Martínez lo reeligió una Asamblea Constituyente y no el voto».

«La misma Asamblea Constituyente que reeligió al dictador Martínez hizo cambios a la Constitución que removían los últimos vestigios de contrapesos al poder Ejecutivo. Los cambios constitucionales permitían arrestos arbitrarios, expropiaciones de propiedades y grandes restricciones a las libertades de prensa y asociación», sostiene Lindo Fuentes.

«El régimen ‘martinista’ hacía ver que en su Gobierno no había criminalidad y que los ladrones eran tratados con dureza, cuando la realidad era que en la ciudad de San Salvador había un promedio de diez robos diarios reportados», asevera Cañas Dinarte. Y añade que «mucha de aquella propaganda oficialista fue tan certera en sus propósitos que, aún hoy, hay personas que creen que el ‘martinato’ pagó la deuda externa y combatió la criminalidad».

«Es importante señalar, fuerte y claro, que el Gobierno que tomará posesión es inconstitucional e ilegítimo, porque viola siete artículos de la Constitución», argumenta Cañas Dinarte. «De lo demás se ha encargado la propaganda oficialista, al casi volver necesaria la reelección para garantizar que los mareros capturados no fueran liberados de las cárceles. Una mentira más que fue hecha verdad a golpe de tuit, video youtuber y toda una maquinaria millonaria de tergiversación y manipulación de la opinión pública interna y externa», concluye.

*Alba Miriam Amaya para DW

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