Cómo es la masiva peregrinación jujeña por la Virgen del Rosario de Río Blanco y Paypaya

Jujuy vive a lo largo de octubre las honras a su patrona, la Virgen del Rosario de Río Blanco y Paypaya, con peregrinaciones multitudinarias que se acrecientan año trás año entre ruegos y múltiples demostraciones de fe de los creyentes, muchos de los cuales llegan a caminar hasta más de 100 kilómetros en procesión para ratificar su advocación mariana.

“Las peregrinaciones empezaron hacia el siglo XIX. Hasta principios del XX había solo una, el segundo domingo de octubre. Luego, con la creación de la diócesis de Jujuy, en 1934, pasaron a dos. Más adelante, con monseñor José Medina, el segundo obispo de Jujuy, se llegó a los cuatro domingos del mes, como hasta la fecha”, relata a Télam el padre Germán Maccagno, a cargo del santuario de la Virgen, situado en la localidad de Río Blanco, al sur provincial.

“En algunos lugares la peregrinación o la fiesta es un día, acá la diferencia es que todos los domingos de octubre son multitudes, muchos miles que vienen por acá”, agrega el párroco en referencia a la agenda de honras, y por la que también se peregrina cada 7 de octubre, día de la Virgen.

Sobre los caminantes, Maccagno valora que “llegan incluso de provincias vecinas y del resto del país, porque donde hay un jujeño aparece la devoción a la Virgen y vienen para octubre”.

En cuanto a las muestras de devoción, indica que hay “innumerables testimonios de curaciones y de favores que la Virgen ha hecho”, varios de los cuales pueden apreciarse plasmados en exvotos depositados en el santuario.

A partir de este año también se puso a disposición un cuaderno donde los feligreses podrán contar sus experiencias.

“Estamos seguros que Morenita, mi pequeña hija, llegó gracias a la Virgen”, cuenta a esta agencia Paula Ruiz sobre el ruego, que ‑junto a su marido- elevó a la patrona de Jujuy en 2013, luego de un tercer embarazo que lamentablemente venían de perder.

“Le imploré con mucha fuerza que nos ayudara a volver a quedar embarazada y que se diera a término. Desde ese día sentí que nos iba a ayudar. Cuando me confirmaron que lo estaba, lo primero que se me vino a la cabeza fue la virgencita. Y cuando llegué a los tres meses, me corté el cabello y le llevé una trenza de unos 45 centímetros”, completa Ruiz en torno a la promesa que había hecho de llevar su pelo a la iglesia para que fuera utilizado en réplicas de la Virgen.

El periodo de gestación ‑explica- fue complicado y con varias internaciones, incluso dio a luz de urgencia y faltando más de dos meses para la fecha estimada de parto

“Me hacen cesárea y se sorprenden porque en el útero tenía diez miomas. Ningún médico se explicó cómo avanzó el embarazo, pero nosotros siempre supimos que fue la virgencita, que ella cumplió y permitió que mi pequeña llegara”, concluye Paula sobre la dicha alcanzada, y que además la condujo a iniciar tratamiento por su propia salud.

Quienes peregrinan por la Virgen del Rosario de Río Blanco y Paypaya caminan desde 7 kilómetros, los que separan al santuario de la ciudad capital de la provincia, donde un importante número de fieles parte cada domingo desde la iglesia catedral.

Existen, en tanto, grupos asociados a parroquias de distintas localidades que también peregrinan, especialmente el último domingo en agenda, en este caso el día 29, dedicado a los jóvenes.

El recorrido más extenso supera los 100 kilómetros, y es el que se da desde la ciudad de Libertador General San Martín, donde se suman cada año alrededor de 150 personas en medio de una invitación abierta que se difunde hasta en las escuelas locales.

“Salimos el jueves y el sábado llegamos a Río Blanco. El domingo participamos de las actividades y luego retornamos”, indica a Télam el párroco de Libertador, Ernesto Vilte, que es el que encabeza el andar hacia al santuario de la Virgen, junto a un grupo de cuarenta peregrinos que suman su esfuerzo en la organización de la caminata.

En el camino, según relata Vilte, se producen descansos de no más de cuatro horas y hay equipos preparados para cubrir las distintas necesidades, incluso uno de ellos organiza momentos espirituales y de reflexión con preguntas disparadoras.

Otra localidad que suma peregrinos es San Pedro de Jujuy, donde alrededor de 3.000 jujeños emprenden un andar de poco más de 50 kilómetros para llegar el domingo de los jóvenes.

El padre de la comuna, Daniel Baca, relata que principalmente participan integrantes de comunidades juveniles asociadas a la iglesia, de entre 13 y 30 años, pero también familias enteras que agradecen el goce de buena salud, el logro de estudios y hacen peticiones especiales que año a año demuestran que “el peregrino reza y la Virgen atiende las oraciones de sus hijos”.

Entre las familias peregrinas de San Pedro sobresale una que está pronta a cumplir 30 años de organizarse y acudir a expresar su devoción por la patrona de Jujuy: los Vaca-Tapia.

Esta familia destaca no solo en número, ya que son más de 50 los que se suman año a año en la muestra de fe familiar, sino que también realizan un “doble” peregrinar, caminando tanto a la ida como en el retorno del santuario.

“En 1993 nace mi hija, se enferma y enfermo también yo. Mi marido peregrina solo pidiendo por ambas y es cuando hicimos la promesa de volver siempre por la salud de todos, así es que se fueron sumando hermanos, sobrinos, y hoy hasta nietos”, cuenta, en diálogo con Télam, Gladys Vaca de Tapia, sobre los inicios de las visitas en familia al santuario.

“La vuelta caminando se trasformó en un seguir compartiendo con la familia”, dice sobre la decisión tomada durante los primeros años de peregrinaje. En 2015, la peculiaridad del “doble peregrinar” llevó a la familia a ofrecerse para retornar a la localidad con la imagen de Virgen peregrina que, de manera coincidente, visita la ciudad para dicha fecha, propuesta que no tardó en aceptarse desde la iglesia.

“En vez de que sea llevada en camioneta por autopista, va con nosotros. El primer año fue muy emotivo, fue ver gente que salía a saludarla con lágrimas en sus ojos. Estamos felices de ser un puente para familias que quizás no pueden caminar o llegar en colectivo al santuario”, dice sobre la experiencia con la son recibidos en al menos tres poblados y hasta por chicos de una escuela rural.

A la odisea de retorno se suman actualmente personas que llegan en transporte hasta el santuario, participan de las actividades litúrgicas y se unen ‑luego- a la familia para iniciar, en horas de la tarde, el regreso a San Pedro con la imagen de la Virgen peregrina, concluye Gladys.

  • Por Victoria Bulacios para Télam

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com