A casi un mes de su asunción, el gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, reavivó su enfrentamiento ya casi sempiterno con su antecesora, Rosana Bertone (PJ), con quien en la transición ni siquiera intercambió un diálogo telefónico. 

El nuevo capítulo de la saga fueguina tiene que ver ahora conque Melella revocó el convenio colectivo de trabajo para el sector estatal provincial que había impulsado Bertone, en la agonía de su gestión, al considerarlo «ilegítimo y nulo». 

Bertone había reformulado la ley laboral para los estatales en acuerdo con los principales sindicatos del sector (ATE, UPCN y ATSA),  pero el gobierno fueguino entendió que en realidad fue una «maniobra» para mantener en sus puestos a unos 1.000 agentes nombrados por la administración peronista, entre ellos, 280 ex funcionarios.

El acuerdo reducía de un año a tres meses el período para que un empleado alcanzara la estabilidad laboral después de su nombramiento y puso restricciones a la posibilidad de ser reasignados de un área a otra del Estado.

Bertone no se quedó callada y apuntó que «lo sucedido en estas horas en Tierra del Fuego resulta de una enorme gravedad ya que por primera vez en la Argentina se anula por decreto un convenio colectivo homologado». 

«La política de despidos masivos dispuestos sobre la base de la anulación por decreto de un C.C.T. conlleva una etapa oscura y sin precedentes. Muestra la verdadera cara del gobierno», evaluó la ex gobernadora.

En paralelo, Bertone sostuvo que «la idea de que íbamos a vivir mejor queda reducida a su real dimensión. Se referían a pocos. La separación tajante que se ha establecido entre derechos de funcionarios y de empleados, resuelve la incógnita. Solo los funcionarios. Ellos van a vivir mejor».

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