«Cristina está en su mejor momento», dicen en el Instituto Patria, donde forma a su semillero de dirigentes. Desde que volvió hace casi dos semanas de Cuba armó la estructura de conducción del Congreso y redefinió el Gabinete del presidente electo, Alberto Fernández.

En su extensa carrera política solo hubo un hombre que la enfrentó y la convenció: el entonces intendente de La Matanza, Alberto Balestrini, quien le rechazó tajante la postulación del «huevo» Jorge Cevallos como aspirante la intendencia del populoso partido.

Ahora, el que cayó en desgracia es Carlos Caserio, quien hasta hace una semana era jefe del bloque peronista «Argentina Federal», que responde a la liga de gobernadores del PJ.

El dirigente cordobés, ex mano derecha  y ahora distante del gobernador Juan Schiaretti (PJ), se enfrentó a Cristina por la conducción del bloque en el Senado y le dieron el pase al Gabinete nacional.

Así es, como informó oportunamente Periodismo Federal, Alberto Fernández lo llamó de urgencia, le informó la animadversión que le tenía ahora Cristina y le dijo que debía ir sí o sí al Gabinete nacional, al lugar que él quisiera.

Días después se supo que le habían ofrecido el Ministerio de Transporte, cargo que Caserio aceptó, pero ahora parece que el ofrecimiento quedó trunco, porque esa área se la disputan dos pesos pesados del Frente de Todos: el poderoso titular del gremio de Camioneros, Hugo Moyano -uno de los artífices de la creación del frente tras reconciliarse con Cristina- y el otro, el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, quien aspira a colocar ahí al diputado Raúl Pérez.

Por eso, Cristina dio marcha atrás y le habría pedido a Caserio que en «nombre de la unidad» se quede en Senado y presida la estratégica comisión de Presupuesto y Hacienda.

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